Una posible opción para empezar como pareja liberal, de la forma más
natural, es explicar al otro que dado el amor que se siente por ella o él, el
hacer un intercambio de pareja es una actividad que nace de una relación fuerte
y estable, crece como una fantasía de ambos, recorre el proceso de construcción
de la confianza mutua, de la caída de los prejuicios y, superado ese momento,
comienza el juego en la búsqueda de la primera experiencia.
A veces ese juego se mantiene por años, otras su resolución es inmediata, pero
de una u otra forma ese proceso hecho en conjunto por la pareja liberal, es la
sal que da sentido a este estilo de vida. Llegar una noche después de un
encuentro y hablar con nuestra pareja sobre lo vivido, excitarse con los
recuerdos, entrelazarlos en el lecho, avivarlos con aceites y lubricantes, afrodisíacos, juegos en pareja, juguetes xxx, lencería,
que es otra forma de abonar la intimidad de la pareja,
hacer crecer la convivencia. ¿Qué sería del liberal fuera de la pareja?: nada
en absoluto. El hecho de estar en una cama con más gente puede ser muy
reconfortante aunque no sea más que eso, una parte de nuestras fantasías.
Algunos llaman a esto "aberración", "orgía" o
"fiestecita repugnante", pero si esas personas que participan no son
parejas estables, es lógico que no se considere un encuentro grupal o un encuentro liberal.
Entre estas personas el momento de placer no se extiende más allá del tiempo en
que se vive el sexo, mientras que en el caso de una pareja estable cada
encuentro construye un sin fin de fantasías, emociones y recuerdos que son
parte de la vida diaria y, en especial, de la intimidad de la pareja. Tengamos
en cuenta que una mujer y un hombre que tienen la fantasía de estar sexualmente
con otras personas, en el mismo lecho, ¿dónde pueden realizarlas que no sea en
nuestro ambiente?: no hay espacios donde la gente proponga esas cosas con
naturalidad.
Las parejas liberales somos personas que hemos decidido hacer
realidad nuestras fantasías, sin preocuparnos por el qué dirán ni los tabúes
sociales... Somos honestos con nuestras sensaciones y buscamos satisfacer las
necesidades a costa, tal vez, de ser sancionados por pares por "promiscuos
o degenerados"... Tenemos un carácter fuerte, pues dejamos de lado todos
nuestros temores y nos lanzamos a un estilo de vida donde todo se comparte,
incluso la pareja. Esto, que podría ser inconcebible para algunos, ha logrado
cautivar a cientos de personas. No estamos locos, no somos unos pervertidos ni
unos viciosos, no estamos enfermos, no procedemos de otro planeta, no somos de
color verde, ni tenemos un pacto con el Diablo. Somos como tú.
Formamos parte de tus amigos, tus vecinos, tu familia, tus compañeros de
trabajo. No pregonamos a los cuatro vientos nuestra condición de personas
liberales porque no es necesario, no es necesario pregonar la vida de cada uno
y no todo el mundo nos entiende y nos sabe respetar. Por eso tenemos nuestro
mundo privado, nuestros lugares de reunión. Pero nos ves a diario y convives
con nosotros en otras facetas de la vida, no somos tan distintos a ti, te sorprendería
saber lo cerca que estas de alguno de nosotros, en la cola del supermercado, en
el metro....
“Te amo, te comparto” es una contradicción, pero como toda contradicción
tiene su propia explicación. Compartir no es entregar, dar un paso en falso ni
perder nuestra posición dominante en el plano del amor, único sustento de la
pareja. Compartir es más precisamente, es dejar hacer para conseguir el placer
mutuo. Esto parece muy filosófico, pero es esencial. También se ve como una
contradicción aún más compleja el hecho de que las parejas liberales gocemos
viendo al otro gozar con un tercero. Con ello lo que se expresa es el principio
de la omnipotencia genital: si ella o él me ama, nadie le podrá dar placer
sexual. Nada más inexacto. Quizás el amor nos asegure el lugar más cálido y
requerido en la sexualidad del otro, pero no inhibe su capacidad natural para
gozar.
Podemos gozar con otros sexualmente y amar en exclusividad.Y si es así, ¿por qué no
dejar que esa capacidad fluya y no mentirnos con la idea de que somos los
únicos que excitamos a nuestra pareja?
Miedo, ese es el trasfondo de la contradicción que percibimos al ver
gozar a nuestra pareja con un tercero. Las parejas liberales transformamos el
miedo en confianza, y la aterradora imagen de que nuestra pareja goce con otros
en una placentera forma de compartir fantasías y placer mutuo. Lo
contradictorio es en general dialéctico: negamos lo que aceptamos y aceptamos
lo que supuestamente negamos. La experiencia liberal o swinger es en sí misma
es una contradicción: puede ser placentero y nocivo, conveniente e
inconveniente, todo depende de cómo se viva.
Una última cosa a tener en cuenta, lo único seguro del ambiente liberal, es que
siempre está en movimiento.
Nunca dejes de jugar.